
De a poco fue amaneciendo. Por un hueco de la caja, comenzó a entrar la luz del sol. Vio con mas nitidez lo que le rodeaba. Había sábanas, algunas manchadas con rouge, se mezclaban entre tangas y corpiños.
Cuando sus ojos comenzaban a ceder por el sueño, escuchó el ruido del candado. Gladys había abierto la caja de madera. La luz del sol le había cegado los ojos, solo notaba un espectro oscuro entre la luminosidad.
-¿Como estas nene?- Le dijo la señora, acariciándole la cabeza.
-Necesito vestirme-
-Bueno mi amor, vamos para adentro- Lo tomó de los brazos, lo alzó y lo sacó de la caja.
-Le pido perdón por todas las molestias ocasionadas- Dijo Silvio
-No te hagas problema- Le dijo la señora. Y tomándolo del brazete lo llevó hacia adentro.
Silvio fue dando saltos. Aún tenia puestas las esposas en los pies. Entraron. Reinaba el silencio, el lugar estaba casi vació. Había dos señoritas sentadas en la barra tomando café, que al ver al muchacho semi desnudo, no disimularon una risita pícara.
-Esperame acá un segundo, que te traigo la ropa y tu mochila, y algo para desayunar-
-Gracias...¿Podrías sacarme las esposas de los pies?
Gladys fingió no escuchar y se fue detrás de la barra.
Prefirió no mirar hacia donde estaban las chicas, el pudor hizo que su vista quedase clavada en el pasillo que daba a la puerta de entrada. Notó que estaba abierta. Pensó en escaparse dando saltos hacia la calle, pero rápidamente descartó la idea. Se imaginó en calzoncillos entre una multitud de personas. No quería dar una imagen mas patética de la que estaba dando.
Gladys se acercó con su mochila y una bolsa de consorcio negra. En la bolsa estaba su ropa. Revisó minusiosamente su mochila. Estaba todo. Algunas mudas de ropa, un par de corbatas, la guia T, un retrato de Josefina. Se puso la camisa color turquesa que tenía el día anterior. Pero, obviamente, no pudo ponerse los pantalones, por las esposas. Al hacerle otro pedido por la liberación de sus pies, la señora, otra vez, fingió no escuchar, y se fue atrás de la barra. Volvió con una bandeja, una taza de café con leche, tres medialunas y un vaso de agua. Las dos señoritas le tiraron besos y se fueron del lugar.
En camisa y en calzoncillos, con esposas en los pies, una cálida mañana de domingo, Silvio intentaba desayunar. Estaba en la situación mas extraña de su vida. Le dio algunos mordiscos a una medialuna y tomó un par de tragasos del café con leche hiper caliente que le sirvieron. Gladys seguía sin aparecer.
Terminó el desayuno como pudo. Entre la agitación y el desasosiego. Tragó todo en pocos minutos. A pesar de la hospitalidad de la señora madama, seguía estando privado de su libertad, y recordando lo sucedido hacia unas horas, no tenia idea si estaba alguien mas, además de la obesa señora.
Pasaron algunos minutos, casi años, Gladys volvió. Con su sombra tapó casi todos los rayos de sol que entraban.
-mm... terminaste... estaba rico?
-si, gracias, estaba delicioso, podrías sacarme las esposas?
-¿Porque estas tan apurado bebé?
-Es que me pone nervioso estar sin pantalones, y más, con esposas en los pies.
En ese momento, Gladys puso los brazos en jarra, y le dijo:
-No te pongas nervioso, estamos solo vos y yo, además en unos minutos, ya nos vamos.
-¿Nos vamos a donde?, disculpeme señora, pero creo que cada uno debe tomar su rumbo.
La señora dio un tremendo pisotón al piso de par qué. Hizo vibrar la taza vacía.
-Pero mira que desagradecido que sos, después de lo que hice por vos, acordate que me hiciste una promesa-.Se enfureció.
-Ah... prometo que la vendré a visitar seguido. Pero sáqueme las esposas de los pies, por favor-
-No, vos te vas a vivir conmigo-
-Perdóneme señora, quiero irme-
-Tranquilo, tranquilo bebé, ya te tiene estar dando el efecto del Donormyl.
-¿Que? ¿Que me pusiste? Dijo, con cara de horror.
-Una vez que te duermas, te llevaré a mi casa, te vestiré, te amaré- y dió una especie de pazo de bailarina clásica, su ojo izquierdo comenzó a dar satánicas vueltas.
Silvio sintió que sus párpados comenzaban a pesar. Horrorizado se paró y encaró para la puerta de entrada, que ahora estaba cerrada, dando saltos y pujantes gritos de auxilio. A medida que daba esos pequeños saltos, el cuerpo comenzócele a debilitar, sus ojos no podían mantenerse abiertos. Cayó.
-Que difícil que sos, ya me vas a querer- Sintió que le hablaban de atrás, oyó atronadores pasos que se acercaban.
El quedó mirando hacia la puerta. En la puerta había una horrible sombra que se hacia grande cada ves mas. Se quedo dormido. Gladys lo tomó de las piernas, lo arrastró hacia el estacionamiento, lo metió dentro del baúl de su Renault 12, junto con sus pertenencias.Entró al auto, puso un cassette de Estela Raval en el stéreo. Arrancó.
Continuará.



















Cara a cara 
