15.
Le dejaron el teléfono de la seccional a su disposición. Escoltado por dos agentes que se quedaron esperando a unos metros, marco primero el número de su casa. El timbre sonó cuatro o cinco veces, nadie atendía. Probó marcando de nuevo. Sonó varias veces, pero en su casa nunca atendieron. Entonces marcó otro número, el de Josefina. Sonó un par de veces y levantaron el tubo.
-Hable!- Dijo con autoridad una voz ronca del otro lado.
-Hola que tal, soy Silvio, podría pasarme con Josefina?-
-Silvio?, Silvio que?
-Silvio Bustamante, Don Zaqueo, es usted?
-No chango, número equivocado- El sonido del corte de comunicación fue atroz.
Marcó el número otra vez, podría haberse equivocado. El tono volvió a sonar un par de veces. Lo atendió la misma voz ronca.
-Hable!
-Don Zaqueo, ya se que es usted, podría pasarme con Josefina, es muy importante!
-Pero chango, deje de molestar, usted se fue y la olvidó, ella también lo olvidó, ella esta con otra persona ahora, ella se va a casar dentro de poco, Adiós. Clock!
-Pp, pero....- a Silvio no le salían las palabras y la comunicación se cortó otra vez.
Furioso, intentó marcar una vez mas. Pero los policías que lo acompañaban se lo impidieron.
-Solo se permite una llamada y ya la hiciste pibe- Dijo uno de los agentes y lo tomaron de los brazos.
-Pero no pude comunicarme con nadie
-Nos importa muy poco, ya nos vas a contar de donde sacaste ese diamante-
Entonces lo llevaron a la fuerza otra vez a la celda. Luego de abrirla lo empujaron hacia dentro, el muchacho cayó al piso. Desde el suelo vio los pequeños pies del gobling, que se sentó, lo miró a los ojos y le dijo:
-Y? como te fue? como esta mi pebeta? nos viene a buscar?
El muchacho se incorporó, se sentó en la cama de concreto, puso sus manos sobre su rostro y comenzó a llorar, a llorar desconsoladamente. Gruesas gotas de lágrimas se escapaban de entre sus dedos.
-Hey, amigo, no sea maricón, sabes que no me gustan los blanditos- Dijo Semper, con los brazos en jarra.
-Es Josefina, se va a casar, como me pudo hacer esto?- Dijo Silvio expulsando lágrimas
-Como nos pudo hacer esto? que perra inmunda
-Su padre me dijo, que se iba a casar, que me olvidara de ella-
-El viejo dijo eso? entonces no te hagas la cabeza, pascuato!-
Silvio siguió llorando. La criatura sacó de su bolsillo un pañuelo y se lo dio.
-Ahora secate las lágrimas, antes de que te abofetee, decime quien nos va a venir a buscar.
-No he podido comunicarme con nadie-
-Silvio, eres un infeliz-
El duende se sentó en el suelo, encendió su pipa y comenzó a darse golpes en la frente, mientras que el joven no dejaba de sollozar.
De pronto se escucharon pasos y voces que venían acercándose a la celda. Ya se veían sus sombras que iban agrandando.
Apareció un sujeto con delantal blanco, supuestamente era un doctor. Escoltado por dos agentes.
-Acá está doctor, dice que estubo secuestrado por una vieja tres meses, se escapaba a Santiago Del Estero, tenía en su poder un diamante, dijo que se lo regaló un duende- Dijo uno de los policías al doctor. Luego se acercó al muchacho y le dijo:
-El es el doctor Melgarejo, es médico psiquiátrico, el te puede ayudar pendejo-.
-¿Quién es este mentecato? Manifestó Semper, alzando los brazos y colocándose al lado de Silvio.
Entonces el médico se adelantó a los policías y se puso enfrente del joven. Sacó una cuchara de madera de su bolsillo y le hizo sacar la lengua. Le examinó la boca, luego el globo de los ojos con una lupa. Le hizo respirar profundo, escuchó sus pulmones. Se puso una mano en la barbilla y quedó pensativo. Después dijo:
-¿Podrían dejarme un rato a solas con el muchacho?
-¿Es necesario?
-A veces el paciente se siente intimidado con gente armada y con uniforme, el paciente no tiende a despejar sus emociones por completas y eso para un psiquiatra es muy importante- Dijo en tono serio el doctor.
-Bueno, usted es el profesional aquí- Los agentes dieron media vuelta y accedieron a las peticiones del doctor.
El médico miró hacia atrás, se aseguró que los agentes se alejaran y volviendo la vista a Silvio, tomó el rostro del muchacho con las dos manos a la altura de las mejillas, casi apretándolo.
-Escuchame pendejo, yo te puedo hacer salir de acá, invento cualquier trastorno psíquico, cualquier nombre científico, estos boludos se comen el verso, vas al loquero un par de días, luego te firmo el traslado a Santiago y de ahí escapas- Le dijo el psiquiatra, hablaba rápido, nervioso, su rostro parecía cansado, tenía unas ojeras enormes, como un oso panda.
-Por favor doctor, estoy en sus manos- Silvio parecía esperanzado.
-Una vez adentro del hospital borda, nos repatimos el botín, por cierto, quiero el cincuenta porciento-
-Cincuenta porciento de que?- Preguntó el joven, asombrado.
-Del robo, o ese diamante apareció como por arte de magia?, no me creo el verso del duende yo, vamos mita y mita, y los cagamos a todos-
De repente Semper se pone en medio de los dos, mira al rostro de Silvio y exclama:
-Silvio, despachá a este infeliz por favor!-
-Doctor, lamento informarle que no hubo ningún robo, todo lo que dije fué verdad- Dijo Silvio, solemnemente.
-Te lo pido con una mano en el corazón, si me ayudas, yo te ayudo, estoy en la lona, desde que el jefe de gobierno, ajustó los gastos para los hospitales mentales, mi vida es una mierda, gano miseria, tengo seis hijos, dos con
problemas de adicción, no aguanto mas, me tenés que ayudar.- Suplicó el doctor.
-Doctor, me encantaría ayudarlo, pero no tengo plata, no robé nada, lo único que quiero es ver a mi familia.
-Es una pena, voy a declararte como insano igual, tenés una semana para pensarlo en el Borda, si me decís que no, vas a Batán-
-Pero que infeliz este tipo, pesado como el solo- exclamó el duende agarrándose de los pelos.
Los agentes regresaron, se llevaron al doctor, cerraron la celda.
-Hoy pasas la noche acá, aver si se te acomoda la memoria, vamos a ver lo que nos dice el doctor, decile a Pepe Grillo que te ayude a escapar- Dijo uno de los policías en tono burlón. Y se fueron riéndose a carcajadas.
Silvio se recostó mirando al pequeño cuadrado con rejas, que hacía las veces de ventana. Con una tristeza inmensa y con el corazón roto. No sabía que esa misma tarde, Josefina partió hacia Buenos Aires para rescatarlo.
Continuara....